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martes, 11 de septiembre de 2018

LA ANCIANA Y EL BUS


En homenaje a la memoria de Edgar Allan Poe

El autobús suburbano conecta el barrio de viviendas del norte de la ciudad con la zona industrial del extrarradio sur. Presta servicio a los escolares y a los trabajadores en las horas punta. También pasa junto al mercado principal y otros centros comerciales. Sus paradas siempre están muy concurridas, aunque en la Calle del Cuervo sólo recoge a la anciana del número 108, que vive enfrente de la parada.

Ella es la única que saluda al conductor; la única que lo trata como si fuera su chófer privado; la única que lo riñe si llega con retraso o si descuida su aspecto; la única que nunca da el importe exacto para así alargar la conversación. El conductor lo sabe todo acerca de ella: cómo es su vida, su casa, sus costumbres, sus planes para el futuro tras su reciente viudez. Cada trayecto añade un pequeño capítulo a una serie interminable de confidencias.

Pero la buena mujer parece que ha muerto hace poco en un extraño asalto a su domicilio, y ahora nadie sube ni baja en la Calle del Cuervo. Y al conductor del autobús lo han apartado del servicio por una crisis nerviosa, pues el hombre se empeña en decir que el timbre suena siempre pidiendo parada frente al número 108.

3 comentarios:

  1. Sabes esconder ese as en la manga hasta el escalofriante final que deja boquiabierto. Curiosa coincidencia con el micro que he publicado esta semana.

    Un saludo.

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    1. Gracias por tu comentario, José Antonio. He pasado por tu blog a leer tu “Sección de sucesos”. El ascensor que da a un piso vacío es un escenario final formidable para congelar un gesto amable que no tiene respuesta. Excelente texto.

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  2. un gusto leerte Pedro. Es cierto, produce un escalofrío. El pobre conductor. Un relato negro que me ha encantado.
    Un abrazo, se te echa de menos

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