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jueves, 1 de noviembre de 2018

SWING


Lo conocí en un viaje turístico por Japón. Él estaba golpeando pelotas de golf desde la grada de un estadio, las lanzaba al centro del césped. Había varios jugadores que competían por ver quién lo hacía más lejos. Le dije que aquello no era golf, que después del primer drive tendría que ir a buscar la bola, cambiar el palo para el approach, probar el putt, meter la bola en el hoyo. Creo que no supo de qué le estaba hablando, pero debí impresionarle mucho porque, de pronto, me agarró por la cintura y me besó apasionadamente. Ya está, no ocurrió nada más.

Finalista en el concurso de microrrelatos Wonderland, de RNE.


martes, 2 de octubre de 2018

PARTE DE SINIESTRO


El ladrón entró por la ventana abierta del salón cuando no había nadie en casa, y sólo se llevó cuatro chucherías. Papá tuvo que forzar la cerradura de la puerta para incluirla en el parte de siniestro a la Compañía de Seguros. Luego fue al bazar de la esquina, a por pilas alcalinas, y con el membrete del recibo pudo falsificar las facturas de compra de la tele y el ordenador. Mamá quiso impedir que hiciera constar más trajes de los que caben en el armario. Discutieron, y en el fragor de la disputa él la tiró al suelo de un puñetazo. Fue sin querer, claro, aunque también nos pegó a los demás para justificar que hubo asalto con violencia. Con lo que vamos a cobrar del seguro, nos daremos todos unas buenas vacaciones. Pero como vuelvan a robarnos, serán las últimas que vea el abuelo.


martes, 11 de septiembre de 2018

LA ANCIANA Y EL BUS


En homenaje a la memoria de Edgar Allan Poe

El autobús suburbano conecta el barrio de viviendas del norte de la ciudad con la zona industrial del extrarradio sur. Presta servicio a los escolares y a los trabajadores en las horas punta. También pasa junto al mercado principal y otros centros comerciales. Sus paradas siempre están muy concurridas, aunque en la Calle del Cuervo sólo recoge a la anciana del número 108, que vive enfrente de la parada.

Ella es la única que saluda al conductor; la única que lo trata como si fuera su chófer privado; la única que lo riñe si llega con retraso o si descuida su aspecto; la única que nunca da el importe exacto para así alargar la conversación. El conductor lo sabe todo acerca de ella: cómo es su vida, su casa, sus costumbres, sus planes para el futuro tras su reciente viudez. Cada trayecto añade un pequeño capítulo a una serie interminable de confidencias.

Pero la buena mujer parece que ha muerto hace poco en un extraño asalto a su domicilio, y ahora nadie sube ni baja en la Calle del Cuervo. Y al conductor del autobús lo han apartado del servicio por una crisis nerviosa, pues el hombre se empeña en decir que el timbre suena siempre pidiendo parada frente al número 108.

lunes, 20 de agosto de 2018

ABORDAJE


La oficialidad de la fragata inglesa lucía casacas rojas, mientras que los mandos franceses iban de azul. En esas condiciones, era fácil entablar un combate cuerpo a cuerpo. El problema lo tenían los marineros de ambos buques, que no estaban sujetos al rigor del uniforme militar. Desaliñados y harapientos por igual, exhibían sin complejos una beligerante despreocupación por el tema indumentario. Así, de entrada, era imposible saber a qué bando pertenecían. La mejor manera de no herir a un compatriota, en medio del tumulto, era reconocer en él al compañero de litera o al ayudante en las tareas cotidianas. Pero lo peor llegó cuando alguien bajó a la bodega y rescató a los prisioneros españoles. A partir de ese momento, antes de embestir a quien hubiera delante, cada cual cruzó insultos en su lengua vernácula, con el fin de evitar (en lo posible) que todo aquel ardor patriótico derivara en promiscuidad.

(En su versión catalana, este texto quedó finalista en el IV Premi de Literatura Breu L'Actual - 2017, en Castellar del Vallès)