Follow by Email

sábado, 4 de julio de 2020

LA LIBRERÍA


Se invitó a todo el mundo a la inauguración de la nueva librería. Si la respuesta hubiera sido la esperada (proporcional al número de tarjetas enviadas) el aforo del local habría resultado insuficiente. Se invitó incluso a las otras librerías de la ciudad, que vieron en ese gesto un detalle de soberbia, una provocación innecesaria. Estaban equivocadas: el nuevo establecimiento no era un rival, no amenazaba para nada su cuota de mercado, no venía a competir sino a complementar. Aun así, nadie acudió a la presentación. Ni las autoridades, ni la prensa, ni el público en general. No obstante, el negocio se puso en marcha y –como por ley natural– aparecieron los clientes. Al principio eran estudiantes distraídos, transeúntes ociosos, alguna pareja de enamorados en una tarde de lluvia. Poco a poco fue llegando más gente a contemplar los inmensos anaqueles llenos de libros vacíos. Hasta que, un día, entraron los autores. Primero –disimulando– a consultar obras ajenas; luego –ya sin pudor– a interesarse por las propias. Tiempo después, cuando la tienda ya no llamaba la atención en el barrio, se supo al fin que aquella singular librería de libros aún no escritos había venido para quedarse.

Ganador mensual en el IX concurso de la Microbiblioteca (Mayo 2020)


martes, 16 de junio de 2020

LA TRINCHERA


En una de aquellas frías noches de enero, a un soldado le dio por tocar el violín. Algunos de sus camaradas ni siquiera sabían que supiera tocar, ni que llevara consigo el instrumento, cuyas notas aliviaban el pesar de la contienda. A la noche siguiente se le unió un clarinete, salido igualmente de nadie sabe dónde. Y el dúo se acoplaba tan bien que pronto privó del sueño a la mayor parte de la tropa (motivo por el cual, durante el día, se apreciaba un notable descenso en la eficacia militar). Pero, al ponerse el sol, todos se alegraban de que los músicos siguieran allí para amenizar la velada. Así que, cuando –más adelante– se les sumó un acordeón, ya nadie se extrañó de que lo tocara el enemigo. Y claro, como cada vez dormía menos gente en ambos bandos, la guerra de trincheras pasó a ser un ejercicio de tiro al blanco sin premio para nadie. En cambio, el ocio nocturno ganó en intensidad y en primavera dieron comienzo las sesiones de baile. Al llegar el otoño, las lluvias aguaron la fiesta y en invierno volvieron las noches estériles. En una de ellas, a alguien le dio por liarse a tiros con los de enfrente, cuando algunos casi habíamos olvidado que sabía disparar.

domingo, 1 de marzo de 2020

BEST SELLER


Para cuando el editor prestó atención al manuscrito del autor novel, el inspector que seguía la pista al asesino se había jubilado y vivía en un hogar de ancianos. La amiga de la víctima había dejado el piso que ambas compartían para casarse con su entrenador personal. El principal sospechoso tenía trabajo estable y había prosperado tanto como para dejar atrás la delincuencia. La joven incauta que pasaba aquella noche frente a un edificio en construcción acabó cambiando la ruta tras conocer a un compañero de clase que tenía coche.

El tardío interés del editor por publicar aquella historia obligó a poner todo en su lugar. Hubo que destruir y volver a construir el edificio en que se hallaba la escena del crimen. Las dos chicas volvieron a vivir juntas tras arruinar sus respectivos matrimonios. El sospechoso pasó de la abundancia a la inopia sin causa justificada.  El inspector abandonó el geriátrico; retomó el caso.

Para entonces, el aspirante a novelista había asumido su fracaso como escritor. El público se había vuelto más exigente. El nivel del mar había subido a causa del cambio climático.

Que todo volviera a ser como antes supuso un esfuerzo editorial sin precedentes.

Finalista mensual en el IX concurso de la Microbiblioteca (Enero 2020)

domingo, 2 de febrero de 2020

EL ACTOR


Visiblemente emocionado, se levantó de su asiento y se dirigió al escenario para recibir el premio honorífico a su carrera como actor. Con paso tambaleante, trató de disimular la turbación que le provocaba verse rodeado de aplausos, consciente de que aquel sería el único galardón que podría exhibir en el salón de su casa. En toda su dilatada trayectoria jamás le habían nominado, ni como actor principal, ni como secundario. Su nombre aparecía en varias películas memorables que le habían hecho famoso, pero nunca llegó a su poder el ansiado reconocimiento que le permitiera ocupar un lugar destacado en la historia del Séptimo Arte. En los últimos peldaños para subir al proscenio sintió que le fallaban las fuerzas, y ello no hizo sino aumentar la cerrada ovación del auditorio, puesto en pie para rendirle homenaje. Pero él, convencido de que aquel premio era de consolación, sintió tanta lástima de sí mismo que estuvo a punto de tirar la toalla y salir huyendo de allí. Sólo en un arranque de prudencia (no en vano era un actor), supo blandir el trofeo entre sus manos y –en la mejor interpretación de su carrera– mirando al público con lágrimas en los ojos, dijo: “Os amo.”