Follow by Email

domingo, 1 de septiembre de 2019

LA AVERÍA


A Juan José Ignacio Colodro

El convoy del metro se paró de pronto entre dos estaciones. El vagón experimentó una fuerte sacudida y varios pasajeros cayeron al suelo entre gritos y empujones, que dieron paso al pánico generalizado. Por megafonía se informó que se trataba de una avería puntual, que sería reparada de inmediato. Ello pareció devolver la calma al pasaje y, quizás, para acabar de serenar el ambiente, una mujer empezó a cantar “O mio babbino caro”, de Puccini, una aria de ópera no del todo desconocida para la mayoría de los presentes. Su voz llegaba a todos los rincones del vagón, poniendo a prueba la estanqueidad de aquel receptáculo. Y aunque nadie entendía un carajo de lo que decía (cantaba en italiano) todos estaban pendientes de aquellos trinos tan bien entonados, que acariciaban el oído con una familiaridad incontestable. Pero también provocaban una secreta, casi perversa sensación de envidia; por cuanto nadie allí era capaz de cantar algo así con un mínimo de decoro. Por ello, cuando finalmente el convoy reanudó su marcha, los suspiros de alivio restaron intensidad a los merecidos aplausos que, en señal de agradecimiento, recibió la improvisada cantante.

viernes, 5 de julio de 2019

APOCALIPSIS


El informativo del mediodía arrancó con la noticia del fin del mundo. Tras la sintonía de cabecera y los créditos de rigor, la presentadora anunció que la apertura del último de los siete sellos del Libro, a cargo del cordero elegido para dicha misión, había provocado en el cielo un silencio como de media hora, durante el cual fueron entregadas a los siete ángeles sus correspondientes trompetas, que auguraban el desastre total. En un despliegue de medios a la altura de las circunstancias, que incluyó conexiones en directo con diversos puntos del planeta, el fatídico suceso fue objeto de un seguimiento descomunal, sin precedentes, que batió todos los récords de audiencia registrados hasta entonces, y en el que no faltaron los llamamientos a la calma por parte de las autoridades, ni las valoraciones de renombrados especialistas en el tema. Hubo incluso ocasión de pulsar la opinión de los ciudadanos, merced a improvisadas entrevistas con gente de la calle. Tan amplia fue la cobertura dispensada a la catástrofe, que el informativo del mediodía –el último, a todos los efectos– tuvo un marcado carácter monográfico.

domingo, 9 de junio de 2019

LA LUNA


La veía al otro lado de la cristalera del bar, situado frente a la parada del bus que yo cogía cada mañana. Ella se movía de un lado a otro detrás de la barra, sirviendo café y bocadillos a una muchedumbre que a esa hora llenaba el local. No me costaba nada entrar y pedir cualquier cosa para entablar contacto, pero preferí hacerlo a través de la luna que nos separaba. Escribí aloh con mi barra de labios color fresa, procurando que no se diera cuenta. Supuse que lo leería antes de salir a limpiar aquel escaparate en el que aparecían, pintadas sin demasiado esmero, las especialidades de la casa. Al día siguiente, ella debió escribir sóida desde dentro, con un lipstick morado mate. Yo reaccioné dibujando apaug. Me respondió edrob. Eso me dio esperanzas, y a partir de entonces la luna transparente fue testigo mudo de aquel singular duelo de pintalabios. Yo le decía roma y ella oesed. Después le hice saber que me llamo ANELE. Ella se presentó como ENERI. De ahí pasamos a palabras lascivas, de trazo cada vez más pequeño y tembloroso, que ocultábamos en los extremos del enorme ventanal. —Soy yo —le dije el día en que, por fin, quise entrar a conocerla—. ¿Éfac? —me contestó.

miércoles, 1 de mayo de 2019

CURIOSIDAD


Yo los conozco de toda la vida, son amigos míos. De pequeños, íbamos los tres a la misma escuela y jugábamos juntos. Ellos dos se gustaron muy pronto y ya eran novios en la universidad. Cuando yo conseguí este empleo en la joyería, él empezó a pasar por aquí para comprarle cosas a ella, de poco valor al principio pero cada vez más caras con el paso del tiempo. Como es natural, por la etiqueta del envoltorio, la chica sabía siempre que era aquí donde su amor compraba los regalos. Y como había suficiente confianza, no tardó en hacerme cómplice de su curiosidad. Días antes de una fecha señalada, venía y me pedía que le enseñara qué joya había reservado su marido. Luego me guiñaba un ojo y me rogaba que le guardara el secreto. La víspera de sus bodas de plata le mostré un collar de oro y brillantes, que el hombre había pagado con antelación a un precio desorbitado. Por poco se desmaya del susto en mi presencia. Pero parece que se desmayó de verdad el día en cuestión, cuando descubrió que aquel no era su regalo.

En su versión catalana, tercer premio en el “VI Premi de literatura breu L’ACTUAL”, de Castellar del Vallès.