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domingo, 2 de febrero de 2020

EL ACTOR


Visiblemente emocionado, se levantó de su asiento y se dirigió al escenario para recibir el premio honorífico a su carrera como actor. Con paso tambaleante, trató de disimular la turbación que le provocaba verse rodeado de aplausos, consciente de que aquel sería el único galardón que podría exhibir en el salón de su casa. En toda su dilatada trayectoria jamás le habían nominado, ni como actor principal, ni como secundario. Su nombre aparecía en varias películas memorables que le habían hecho famoso, pero nunca llegó a su poder el ansiado reconocimiento que le permitiera ocupar un lugar destacado en la historia del Séptimo Arte. En los últimos peldaños para subir al proscenio sintió que le fallaban las fuerzas, y ello no hizo sino aumentar la cerrada ovación del auditorio, puesto en pie para rendirle homenaje. Pero él, convencido de que aquel premio era de consolación, sintió tanta lástima de sí mismo que estuvo a punto de tirar la toalla y salir huyendo de allí. Sólo en un arranque de prudencia (no en vano era un actor), supo blandir el trofeo entre sus manos y –en la mejor interpretación de su carrera– mirando al público con lágrimas en los ojos, dijo: “Os amo.”

2 comentarios:

  1. Por cada artista reconocido hay cientos que no lo son y que deberían serlo. Un homenaje a la profesión.

    Un abrazo.

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  2. Los premios honoríficos tienen esa doble lectura, quizás porque no hay rivales contra quienes competir. Pero también suelen ser unánimes y merecidos, aunque literariamente invitan a ser tomados con humor. Un abrazo también para ti.

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