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martes, 1 de enero de 2019

EL LEGADO


Cuando murió el párroco de la pequeña comunidad rural (un hombre esquivo y taciturno a pesar de su misión), sus escasas pertenencias se repartieron siguiendo un criterio marcado por el sentido común. De sus objetos personales se hizo cargo el ama de llaves, mientras que su pequeña -aunque selecta- librería quedó depositada en la biblioteca municipal. La formaban sobre todo libros que habría recibido en señal de agradecimiento por su labor pastoral, conservados seguramente por razones afectivas y de cortesía. Muchos de ellos con su respectiva dedicatoria, circunstancia esta que dejó a la vista de todos el curioso círculo de tales amistades. Llamaban la atención las novelas románticas, abundantes en la colección, porque mostraban en su primera página mensajes explícitos de trazo femenino, que delataban cierta relación de complicidad con el texto en cuestión, y con ello abrían la puerta a todo tipo de especulaciones. Así fue como los vecinos de aquella pequeña comunidad rural, tanto los creyentes como los que nunca iban a misa, desarrollaron por igual un fecundo, insobornable interés por la lectura.

Finalista mensual en el VIII concurso de microrrelatos de la Microbiblioteca de Barberà del Vallès – noviembre de 1018



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