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viernes, 1 de noviembre de 2013

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE


Mientras esperaba que lo ejecutaran, el preso alojado en el corredor de la muerte sufrió un infarto del que tuvo que ser asistido sin la menor dilación. El equipo médico que se disponía a aplicarle la inyección letal, y que después debía certificar su defunción, se hizo cargo de la emergencia en la propia camilla prevista para el caso. Al otro lado del cristal, aguardando la respuesta del gobernador a la última petición de indulto, el director del centro penitenciario no se separó ni un instante del teléfono móvil, pendiente por igual de la llamada que podía decidir la suerte del recluso, como de su incierta recuperación. Y una tensión similar pudo verse en las caras de las personas que habían venido a presenciar la aplicación de la pena capital, fueran o no partidarias de la misma. Al cabo de unos minutos, con el reo estabilizado y fuera de peligro, todos comentaban que -de no mediar la rápida intervención del personal acreditado- el condenado no habría superado una crisis de la que ahora, aún sin saber si valía la pena que lo movieran de donde estaba, empezaba a recuperarse.

Texto publicado en la revista Confluencia, de la University of Northern Colorado - Otoño 2012

11 comentarios:

  1. De lo más humanista salvar a alguien para matarle.
    Con ésto harían un gran episodio en la serie"House".

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  2. La vida tiene estas cosas. Y la muerte.
    Un texto excelente.
    Abrazo fuerte.

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  3. El deber es el deber. Me encanta la manera de ir hilando la vida y la muerte en este micro desde una aparente objetividad casi médica, diría yo.
    Un saludo

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  4. Creo que con esta historia se puede ver las contradicciones tan grandes que los humanos nos hemos creado; tanto salvamos vidas como las aniquilamos, sin la menor dilación. Genial Pedro, como siempre.
    Una abrazo
    Marta López

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  5. Además si se hubiera muerto del infarto, a ver a quién leches habrían castigado. Imagínate, las ansias de venganza del estado, no satisfechas y por ahí sueltas...
    Abrazos, Herrero.

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  6. A veces la vida, y hasta la muerte, es un sinsentido.
    Encantado de leerte Pedro.
    Un saludo.

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  7. Es un relato muy duro, Pedro. Me recuerda las ejecuciones aplazadas para después del parto; el pecado original, estigma para luego perdonarte; los intereses altos para quien no pueda pagarlos; en fin, el humor que nos rodea. Está muy bien escrito y usas un narrador que no se implica, no opina, solo narra la escena para que seamos nosotros los que decidamos meter o no la corriente. Enhorabuena por la publicación.

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  8. Falta de la más mínima previsión y una clara muestra de una inteligencia desarrollada con algún que otro inconveniente. De haberle dado el señor algunas luces, ese pobre hombre habría aplazado el infarto para después de la ejecución, dado que una vez estabilizado la ley no permite el doblete (lo que técnicamente se conoce como ejecutar al ejecutado).

    Un abrazo y hágame el favor de comentarle al protagonista de su excelente relato (así lo creo) que otra vez que lo condenen se ponga en contacto un poco antes conmigo.

    Suyo.

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  9. Leí este micro en el verano del 2012, Don Pedro, cuando salió publicado y me pareció una auténtica joya, de esas piezas que uno recuerda siempre. Destaco la delicadeza de la crítica profunda al sistema que ampara la pena capital y me alegra -sobremanera- que haya sido publicado en un medio de una universidad americana.

    Le dejo aquí mis aplausos llenos de admiración.

    Un abrazo.

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  10. Muchas gracias a todas y a todos por vuestros comentarios. Fernando Valls tuvo a bien pedirme textos para publicar en la revista Confluencia de la university of Northern Colorado. Fue un honor para mí y me satisface que el relato haya sido de vuestro agrado.

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  11. Yo lo acabo de leer en la revista En Sentido Figurado. Me ha gustado mucho. Si acaso, un pero: creo que la historia (la idea, más bien) daba aún más juego. Pero es estupendo. Enhorabuena

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