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jueves, 1 de mayo de 2014

REINSERCIÓN

El hijo del lechero ha entrado en la farmacia. A la chica del mostrador le ha costado reconocerlo porque, aunque su cara es famosa en todo el barrio, hace tiempo que no le echaba la vista encima. Lo encuentra cambiado, desprovisto de aquella actitud beligerante con la que intimidaba a propios y extraños. Los pequeños surcos que agrietan sus sienes delatan que ha debido pasarlo mal en la cárcel. Ahora es otra persona, capaz incluso de inspirar confianza. Pero cuando deja oír su voz para pedir una caja de Tranxilium-Forte, la chica del mostrador nota el mismo estremecimiento que antaño la hacía sentir vulnerable, a expensas de lo que el destino le tuviera reservado. A más de un vecino ha oído comentar que el joven se ha reformado, que ha aprendido a respetar las normas elementales de convivencia. Ya no hay motivo para pensar que esconde oscuras intenciones; por más que ella se demora en atenderle, en comentar con detalle la posología recomendada para aquel medicamento, en preguntar -con una sonrisa en los labios- si necesita algo más... Todo es inútil: el hijo del lechero se guarda las cápsulas en el bolsillo, da el importe exacto y se despide deseando que pase un buen día.

13 comentarios:

  1. La chica del mostrador se queda con las ganas de dar rienda suelta a sus propias "oscuras intenciones". Me gusta tu particular estilo de adentrarnos en la historia con todo lujo de detalles para abandonarnos con el deseo morboso de que el final sea otro.
    Besos.

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    1. Creo que sintonizas a la perfección con el espíritu del relato. Es evidente que presenta a dos personajes, uno de los cuales no ha superado el pasado, ni tiene la menor intención de hacerlo. En mi opinión, el final tiene que ser abierto y oscuro. Tú conjugas muy bien la palabra "morboso" en este caso. Celebro que te guste, Raquel. Muchas gracias por tu comentario.

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  2. ¿Domesticación a golpes? Es más lo que se pierde.
    Un abrazo Pedro.

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    1. Con algo más de extensión, ese habría sido tal vez uno de los ejes de la historia. Lo que muestro es solo un gesto de nostalgia, bastante inconfesable, por parte del personaje femenino. Contento de verte, Miguel.

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  3. Entiendo algo parecido a lo que expresa Raquel. En este caso, incluso la palabra re-inserción podría tomar un doble sentido. Humor tuyo, sin duda. Besos.

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    1. A veces pienso que debería cambiar el título de la bitácora, porque en algunos casos mis historias no llevan el humor como ingrediente. Ya me conoces, tiendo a usar la ironía siempre que puedo, pero a veces no la convoco. En cuanto al doble sentido del título, es interesante que lo veas así, pero te confieso que no quería llevarlo tan lejos. Un abrazo, Eva.

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  4. Has hilado muy fino, Pedro, solo el comentario De Oiel y tu respuesta me ponen en el camino. Lo cierto es que la farmacéutica me tenía desconcertado. El estremecimiento inicial lo tomé por temor, ese demorarse lo tomé por su intención de que tome correctamente las medicinas y no vuelva a las andadas. Ese "Todo es inútil" lo entiendo ahora mejor. En fin.

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    1. Me parece que lo que has hecho ha sido dejarte llevar por el narrador, que te ha ido desvelando la trama a cuentagotas. Tus opiniones como lector me ayudan más de lo que piensas. Siempre es un placer tenerte cerca, Javier.

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  5. Las intenciones, oscuras o no, pero sí ocultas son las de la farmaceutica jeje
    Lanzo una pregunta: sobre todo en lis pueblos pequeños, ¿es posible la reinserción? Quiero decir es posible que esa persona que ha pasado por la cárcel pase desapercibida un día o ya siempre será Fulanito, hijo de tal, que estuvo en la cárcel por esto...

    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

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    1. Yo creo que al autor de un delito le esperan siempre tres tipos de condenas: la oficial, que impone el sistema judicial, la propia, que se impone el propio delincuente, y la que otorga la sociedad. La oficial se supera, tarde o temprano. Las otras dos me temo que no. Saludos correspondidos, amigo David.

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  6. Me gusta mucho tu blog, Pedro. Pero es muy cruel que tengamos que esperar un mes entero para saber de ti...

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    1. Muchas gracias, Ángela. Confieso que mi decisión de dosificar los textos en mi bitácora obedece a la romántica y vanidosa pretensión de publicar un libro en el que los relatos inéditos superen a los ya publicados. Por desgracia, voy camino de no conseguirlo. Encantado con tu visita y con tu fidelidad.

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  7. Me gusta ese inconfundible estilo tuyo , esa manera de dejar la rosa en el lugar del crimen , Porque tus relatos son bicéfalos: pueden leerse desde un lado e interpretarse por el otro, y viceversa . Siempre tienen dos caras que aparentan ser una ,Es esa una constante que funciona como valor añadido. Has hecho de ello una auténtica labor de oficio . Esperamos tu libro

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