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sábado, 1 de febrero de 2014

LA CONFERENCIA

La joven que se ha sentado en la primera fila del auditorio viste una falda negra, no muy ceñida, bajo la cual luce medias negras también, que acaban en una fina blonda trenzada, llena de picardía. Ese detalle tan sugestivo ha quedado patente cuando ha cruzado las piernas, en un gesto fugaz, discreto, presuntamente involuntario.

El conferenciante ha hecho como que no se ha dado cuenta. Pero internamente se ha sentido turbado, sacudido por una visión que -según su criterio- contiene en sí misma la más genuina recreación de la belleza. Aun así, mientras el resto del público va tomando asiento en la sala, hace un esfuerzo supremo por no volver a mirar en la misma dirección, y se concentra en los datos objetivos sobre los cuales piensa argumentar su repaso a la difícil –más bien crítica- situación financiera por la que atraviesa el país.

Pero ¿qué datos objetivos? ¿Qué crisis ni qué niño muerto? ¿Cómo se puede seducir a una dama augurando la ausencia total de perspectivas de crecimiento? ¿Qué mujer caerá rendida a sus pies después de que vaticine, con pruebas tan contundentes que no merecen discusión, el inevitable colapso de la economía?

A todo esto, el público ha acabado ocupando la sala por completo, en respuesta a la enorme expectación creada por la fama del conferenciante. Y este, después de dar las gracias a los presentes por su asistencia, se dispone a empezar su charla reconociendo, antes que nada, que la esperanza es algo que jamás deberíamos perder.

10 comentarios:

  1. No, no debemos perderla...

    Besos desde el aire

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  2. Yo siempre me paro a leer lo que escribe este autor adulto, que nunca decepciona. Produce un placer parecido al chocolate

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  3. Nunca, nunca, perder las esperanzas. Tal vez, otra conferencia...

    Un placer leerte.

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  4. Pues es bastante cierto, el optimismo seduce, pesimismo no. Y la esperanza es lo último en perder, también el conferenciante.

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  5. Consigues mantener el interés del lector hasta el final. Está claro que inicia la conferencia hablando para él. Qué bien te has metido en el papel, jeje.

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  6. Que no nos quiten la esperanza, entonces ya no lucharemos.
    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

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  7. Que no nos quiten la esperanza, entonces ya no lucharemos.
    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

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  8. Asistí a esa conferencia y creo recordar que un rápido consenso se extendió por la sala: las perspectivas de crecimiento no sólo eran posibles, sino del todo constatables. Era evidente que las medidas tomadas para paliar los efectos de la abultada economía sumergida habían sido un fracaso, pero las cifras de aumento del Producto Interior Bruto eran espectaculares. Economistas, empresarios, políticos e incluso dos ayudantes de enfermería y un planchista, se felicitaban con gran efusión y renovada esperanza de ese repuntar de los hasta ahora flácidos indicadores. Para ser sincero, todos menos yo que aproveche el momento para deslizarle en el angosto desfiladero de sus medias mi número de teléfono. No me llamó, pero la economía tampoco ha mejorado.

    Mi querido amigo, sus letras son imprescindibles, prueba de ello es lo que empujan.

    Un petó.

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  9.  Hola, Pedro Herrero.

      Obras atractivas.
      Usted es el excelente artista.

      Doy las gracias por su apoyo habitual y abundante.
      Que tengas una buena semana.
      Un abrazo. 
      Desde Japón, ruma ❃

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  10. Muchas gracias a todas y a todos, una vez más, por no faltar a esta cita mensual con esta modesta bitácora. Vuestros comentarios me animan a continuar buscando ese estilo propio que tanto cuesta perfilar y mantener. Os mando un fuerte abrazo.

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