A Rosa Martínez
La novia del sheriff lo abraza con fuerza y le suplica que no salga a la calle a batirse con el pistolero que ha llegado a la ciudad para desafiarlo. Le propone que se quede en la cantina, que acabe de desayunar sin prisas y que luego se fume un cigarro y se entretenga jugando a las cartas con los amigos. Le advierte que el pistolero seguramente no ha venido solo y le confiesa que tiene miedo de perder al amor de su vida por culpa de una absurda cuestión de honor. Le recuerda que el Estado le debe la paga de tres meses y que él no está obligado a dar la cara para paliar la falta de recursos que padece la comunidad. También le reprocha que sólo piensa en sus asuntos, que nunca ha tenido la menor intención de formar una familia. Le critica que dedique tanto tiempo a perseguir sospechosos y que prefiera dormir en la cárcel cuando detecta problemas de orden público. Y al ver que todos estos argumentos no sirven para nada, la novia del sheriff lamenta que -detrás del largo cañón de su revólver- se oculte una virilidad más que discutible y le amenaza con no volver a dirigirle la palabra si atraviesa la puerta de la cantina.
La novia del sheriff lo abraza con fuerza y le suplica que no salga a la calle a batirse con el pistolero que ha llegado a la ciudad para desafiarlo. Le propone que se quede en la cantina, que acabe de desayunar sin prisas y que luego se fume un cigarro y se entretenga jugando a las cartas con los amigos. Le advierte que el pistolero seguramente no ha venido solo y le confiesa que tiene miedo de perder al amor de su vida por culpa de una absurda cuestión de honor. Le recuerda que el Estado le debe la paga de tres meses y que él no está obligado a dar la cara para paliar la falta de recursos que padece la comunidad. También le reprocha que sólo piensa en sus asuntos, que nunca ha tenido la menor intención de formar una familia. Le critica que dedique tanto tiempo a perseguir sospechosos y que prefiera dormir en la cárcel cuando detecta problemas de orden público. Y al ver que todos estos argumentos no sirven para nada, la novia del sheriff lamenta que -detrás del largo cañón de su revólver- se oculte una virilidad más que discutible y le amenaza con no volver a dirigirle la palabra si atraviesa la puerta de la cantina.
Tras su desayuno, el sheriff sale finalmente a la calle, dispuesto a buscar amor, amistad o lo que surja.
Gracias de nuevo Pedro por este micro tuneado que me ha encantado por tu sentido del humor...
ResponderSuprimirEn la próxima espero conocerte en persona.
Besos y abrazos desde el aire
Esperaremos esa nueva ocasión, Rosa, de la que algunos compañeros empiezan a hablar aunque no hay sede. Aplazamos besos y abrazos hasta entonces pero de momento compartimos lo que el azar ha puesto a nuestro alcance. En unos días subo tu texto, que me encanta.
SuprimirSi es que es lógico, si es que ella le ha echado a la calle, si es que ha sido torpe,... y ahora qué.
ResponderSuprimir¿Se batirá con el pistolero o se harán amigos, con los mismos problemas ambos?
Luisa, yo no descartaría esa segunda opción. La estructura del texto fija al pistolero en la distancia sin atender a sus propios problemas, que quizás soporte también. Pero tendrá que ser en un nuevo microrrelato. Muchas gracias por tu comentario.
SuprimirMejor echarse a la calle, desde luego, con tanta perorata... Encantada de conocerte, Pedro, aunque no tuvieramos ocasión de hablar... Otra vez será.
ResponderSuprimirEs verdad, Puri. Visto ahora en perspectiva parece que no hubo tiempo para nada, ni siquiera por la tarde cuando la barra del bar no paró de llenarse de cervezas. Agradezco que te hayas sumado a mi lista de suscriptores y me das una gran alegría al pasarte por aquí. Nos leemos.
ResponderSuprimirEl sheriff, cansado de la perorata, ignora al pistolero y sale en busca de lo que surja...
ResponderSuprimirEse "humor tuyo" que siempre me hace sonreir.
BB
El microrrelato es un registro que precisa lectores atentos, susceptibles de valorar la brevedad. Cuando surge el humor, cabe repartir méritos entre quien lo diseña y quien sabe apreciarlo. Tu sonrisa me complace como ya puedes imaginarte.
SuprimirMe alegra que subas el micro, pedro, me perdí algunas palabras, mal oido tengo. Me gustó conocerte aunque no tuvieramos ocasión de charlar. para la próxima ¿no?
ResponderSuprimirBesitos
Para la próxima, Elysa, eso espero. Mientras tanto, lo mejor de ese encuentro ha sido no perder el rastro de tantas páginas que ahora nos tendrán ocupados. En cuanto a las palabras que te perdiste, no culpes de todo a tu oído. Tampoco mi voz entonó como debía. Pero estamos en contacto. Gracias por tu visita.
SuprimirVengo desde VAN AL AIRE, Me gusto tu micro y otros
ResponderSuprimirUn abrazo
Encantado de saber de ti, Lapislazuli, y satisfecho con que te guste mi trabajo. Espero corresponderte en breve. Un abrazo también para ti.
SuprimirEstoy contenta de tu regreso.
ResponderSuprimirLa historia me gusta porque presenta un dilema moral, y lo resuelves sin que te tiemble el pulso, con la salida de sheriff a la ingratitud de la calle y de su oficio. Prefiere perseguir malos, aunque tenga atrasadas varias mensualidades, a la comodidad de la cantina y de la vida doméstica. Creo que yo habría hecho lo mismo porque poco persuasivo es el recurso al reproche y la amenaza.
Un abrazo.
Yo también veo ese dilema, Amaltea. Aunque la salida del protagonista a la calle creo que puede leerse como una muestra de pundonor, o bien como una huída a la desesperada. Es posible que la historia presente dos duelos (uno dentro de la cantina y otro en la calle) y el sheriff procure ganar al menos el segundo, no sé. Yo también estoy contento de retomar esta labor. Y con tus visitas (que espero corresponder) me animo todavía más.
ResponderSuprimirCelebro tu regreso.
ResponderSuprimirVeo que no te faltan seguidorAs, jeje.
Un abrazo, querido amigo.
Tampoco me falta tu amistad, Fabiana, y tu criterio sobradamente contrastado. Veo que tienes tu bitácora un tanto desangelada últimamente. Agradezco tu visita y te animo a que sigas creando tus historias, tan entrañables.
ResponderSuprimirAcabo de leerle tu Pistolero en la revista ESF y ahora aquí. Poco a poco veo el título del tu blog. Sí es de humor muy fino, como ese chupar el punto de fuego de la pistola. Desde luego mal oficio el de sheriff, claro que si es un hombre de honor y le han mentado la pistola viril....
ResponderSuprimirEnhorabuena por la publicación.
Me encantó, Pedro; admirada con tu habilidad para conseguir del lector la empatía con el personaje masculino: se siente la axfixia , tienes ganas de salir con él a la calle...¡ya! Nada puede ser peor que que el agobio vital a que le somete su mujer ...
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