Follow by Email

sábado, 1 de agosto de 2009

INDECISIÓN

Me preguntó si quería casarme con él, mientras me ofrecía una preciosa cajita forrada de terciopelo azul, envuelta en papel de celofán. Yo no había acabado aún el segundo plato. En mi opinión, él tenía que haber esperado un poco más (nos acabábamos de conocer) y también dejarme escoger -antes que nada- entre la extensa carta de postres del restaurante. Es así como se hacen estas cosas. Algo no funcionaba bien aquella noche, aunque la cena estaba resultando estupenda y llena de sorpresas, como en un cuento de hadas dispuestas a complacerme. La cajita tenía forma ovalada y al abrirla pude ver en su interior un anillo refulgente, digno de una princesa. Pero yo no sabía qué tomar después del fricandó. Dudaba entre la copa de fresas con nata, la mousse de limón y el sorbete de moras al Calvados. Además, la cabeza me daba vueltas y más vueltas, como si el brillo del anillo aquel me estuviera hipnotizando. Entonces él me lo preguntó de nuevo, y esta vez se puso de rodillas frente a mí (era un encanto), delante de todo el mundo. Al final pedí el sorbete, dije que sí y me casé con aquel apuesto camarero.

7 comentarios:

  1. Estupendo relato, tierno y refrescante, como el sorbete. un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. ay, qué arte tienes para condensar las buenas historias y sorprendernos siempre con el final.
    Muchos besotes, y muy especiales para Marina.

    ResponderEliminar
  3. Excelente esbozo de un amor-menú(dan ganas de saber si dejó o no propina y qué hubiera sucedido si el restaurante hubiese sido un "self-service).

    Un petó.

    ResponderEliminar
  4. Tiene un toque romántico y otro absurdo. Una mezcla curiosa para una cena en un restaurante.
    Me gustó.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. La impresión de totum revolutum que refleja la imagen casa muy bien con la torpeza manifiesta de este enamorado que ha escogido declararse en el momento inapropiado de los postres. El desenlace no podía ser más inesperado...
    Saludos cordiales

    ResponderEliminar
  6. Yo también le habría dicho sí al camarero, todo por conseguir el anillo de princesa, claro.

    Estupendo relato, gracias por compartirlo.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  7. Si el anillo hubiera ído acompañado de mousse de chocolate, ya ni te cuento.

    Un relato lleno de delicias.

    ResponderEliminar